Todos hemos pasado por esa calle. La casa con el candado oxidado, las ventanas tapadas con tablas, el patio con maleza a la altura de la cintura. A veces no es una casa: es media cuadra. A veces es un fraccionamiento entero donde solo se prenden las luces de tres o cuatro ventanas.

Y todos tenemos lista la misma explicación:

“Ahí ya nadie quiere vivir, esa zona se puso fea.”

La pobreza vacía las casas. Es la respuesta obvia, la que yo también daba. Fuimos a los datos a confirmarla y no se dejó.


Una de cada ocho casas está cerrada

Cada diez años, el INEGI toca puerta por puerta y anota cuáles están vacías. En 2020, en las seis ciudades más grandes de Sonora, la cuenta dio 83,822 viviendas deshabitadas. Una de cada ocho y media.

La sorpresa está en el orden. Hermosillo —la capital, la más grande, la que tiene más dinero— es la que menos casas vacías tiene en proporción: una de cada diez. Navojoa, con una décima parte de las viviendas, tiene la peor cifra: uno de cada seis techos estaba vacío.

Aunque si contamos casas y no porcentajes, Hermosillo se lleva el premio: 31,869 puertas cerradas. Es como si toda la población de Magdalena de Kino se hubiera mudado el mismo día.


La explicación obvia no aguantó

Si el abandono fuera cosa de pobreza, las colonias más carenciadas deberían tener más casas vacías. Fuimos a revisarlo colonia por colonia.

Al principio parecía cuadrar: donde hay más casas de un solo cuarto hay más abandono, donde hay piso de tierra también, y donde la gente tiene coche e internet hay menos. Todo apuntaba para donde esperábamos.

El problema es que apuntaba muy débil. Tan débil que no explicaba gran cosa. Si la pobreza fuera de verdad el motor del abandono, la señal tendría que haber sido mucho más ruidosa.

Así que probamos otra cosa. En vez de buscar una línea recta —más pobreza, más abandono—, partimos las 1,471 colonias en cinco grupos según los años de escuela que tiene su gente en promedio, de las que menos estudiaron a las que más. Y en cada grupo preguntamos cuántas colonias estaban entre las peores del estado.

Ahí apareció.

En las colonias donde la gente estudió menos —ocho años, la secundaria a medias— el 37% está entre las peores en abandono. Eso era lo esperado.

Lo que no esperábamos está en la otra punta. En las colonias de gente con carrera universitaria, catorce años de estudio, la cifra es 29%. Casi igual de alta.

¿Y en medio? La clase media de toda la vida, diez años de escuela: 18%. La mitad del riesgo de los dos extremos.

La curva no baja. Se hunde y vuelve a subir.

Eso no significa que la pobreza no importe —importa, y es el lado más pesado de los dos—. Significa que hay algo más pasando al mismo tiempo, por razones completamente distintas, y que termina en el mismo lugar: una casa con candado.


Dos abandonos con nombre y apellido

Vamos a las dos puntas.

En Privada del Rey, al norponiente de Hermosillo, hay 1,744 viviendas y 511 están vacías. Es el abandono que todos imaginamos: casa de interés social lejos del trabajo, lejos de la escuela, lejos del camión. Casas que se entregaron y nunca se llenaron, o que se llenaron y se vaciaron cuando la familia sacó cuentas del pasaje. En Haciendas del Sur la historia se repite: 317 de 1,049.

Ahora la otra punta. El Secreto es una colonia de gente con posgrado, donde el metro cuadrado cuesta cinco mil pesos. De sus 775 viviendas, 212 están cerradas. Una de cada cuatro. En Lomas de Reforma, con el suelo a seis mil cuatrocientos, son 102 de 271: casi el 38%.

Nadie deja una casa de seis mil pesos el metro porque le quede lejos el camión.


Y no, no es cuestión de dinero

Aquí hay que ser honestos, porque la tentación es contar que el abandono se mudó a las colonias caras. No es eso lo que pasa.

Cruzamos el precio del suelo con el abandono en 448 colonias de Hermosillo, y la nube salió plana. Sin inclinación, sin patrón, nada.

Léelo con calma, porque dice más de lo que parece: saber cuánto cuesta el metro cuadrado de una colonia no te dice absolutamente nada sobre cuántas de sus casas están vacías. Hay colonias de setecientos pesos el metro con 5% de abandono, y colonias de seis mil cuatrocientos con 38%.

El mapa lo dice mejor que cualquier número. Acércate y muévelo: las manchas oscuras —donde más de una de cada cuatro casas está cerrada— no forman una media luna en la periferia pobre. Están salpicadas por toda la ciudad. En el norte, en el poniente, en el oriente y en el centro.


Cada ciudad se rompe distinto

Esa U no es una ley universal de Sonora. Cambia de forma según dónde te pares.

En Hermosillo y Navojoa la U se ve clarísima: las dos puntas arriba, el centro hundido. En Cajeme pasa algo todavía más raro, porque las colonias de mayor escolaridad son las peores de las tres.

Pero en la frontera la historia es la de siempre. En Nogales, el abandono va bajando parejo conforme sube la escolaridad: 33%, 21%, 11%. En San Luis Río Colorado la caída es aún más brutal, del 44% al 12%. Ahí no hay segundo fenómeno. Ahí es pobreza, y ya.

Y eso tiene una consecuencia práctica: un programa de vivienda diseñado en Hermosillo y aplicado tal cual en Nogales va a fallar, porque están atacando cosas distintas.


Dos crisis dentro del mismo número

¿De quién son las 83,822 casas vacías de Sonora?

De dos dueños que nunca se han visto la cara.

Unas son de familias que recibieron una casa donde no había trabajo, ni escuela, ni camión, sacaron cuentas y se fueron. Esas son las de Privada del Rey, las de San Luis, las del lado izquierdo de la U.

Las otras están en colonias con posgrado y suelo carísimo. Sobre esas, los datos no alcanzan a decirnos por qué están cerradas: puede ser inversión, herencia, casa de fin de semana, o gente que se fue y no quiso vender. Lo único que podemos afirmar con las cifras en la mano es que están cerradas, son muchísimas, y no se parecen en nada a las otras.

Hay que decir también lo que no vimos. Casi una de cada cinco colonias no tiene cifra publicada, porque cuando hay muy pocas viviendas el INEGI las reserva para no exponer a las familias, y los asentamientos irregulares son justamente los que peor se miden. Pedimos por Transparencia los datos de catastro de todo el estado y nos los negaron: en Sonora el catastro se considera información privada, así que los precios de este artículo salieron de rascar el portal del municipio de Hermosillo, y por eso solo cubren una ciudad de seis. Y todo esto es una foto de 2020: los fraccionamientos nuevos, justo los que más sospecha levantan, no aparecen aquí.

Aun así, lo importante se sostiene. Las dos crisis viven dentro de la misma estadística. Cuando alguien dice «el 11.65% de las viviendas de Sonora está deshabitado», está sumando dos cosas que no tienen ni la misma causa ni la misma solución.

Una política que las trate como un solo número va a fallar en las dos.


Nota metodológica: análisis hecho en Python (pandas, GeoPandas) sobre el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI a nivel AGEB —el Área Geoestadística Básica, que equivale más o menos a una colonia o a un pedazo de una—, el DENUE 2020 para ponerle nombre a las zonas y el catastro municipal de Hermosillo 2025. Se revisaron 1,817 AGEBs urbanos de los seis municipios más poblados; 1,471 tienen tasa de abandono calculable. Una colonia entra en «alto abandono» cuando su proporción de viviendas deshabitadas supera el 15.98%, que es donde empieza la peor cuarta parte del estado. Todo lo que se afirma aquí es correlación, no causalidad: que las colonias de alta escolaridad tengan más abandono no significa que estudiar vacíe casas, sino que las dos cosas coinciden en el mismo territorio. La relación entre valor del suelo y abandono (ρ = +0.04, p = 0.42) se reporta precisamente porque no es significativa: es una hipótesis que probamos y que los datos rechazaron.