Camina por cualquier ciudad de México y vas a cruzar Hidalgo, Juárez y Morelos antes de llegar a la esquina. Son nombres tan repetidos que dejaron de leerse como nombres. Nadie que camina por la calle Emiliano Zapata piensa en el hombre, piensa en la calle. El nombre se volvió etiqueta.
Y con la etiqueta viene la suposición: que el callejero mexicano es un salón de honor, una forma silenciosa pero constante de recordarnos quiénes fueron los héroes que nos hicieron un país. Cada calle, un pequeño homenaje.
Fuimos a los datos a confirmar esa suposición. No se dejó.
1. Lo primero que aparece: el silencio
El Catálogo Único de Claves Geoestadísticas del INEGI registra, vialidad por vialidad, el nombre de cada calle, avenida, calzada y callejón del país. Descargamos las 2,649,509 vialidades registradas en las 32 entidades y les preguntamos, una por una, quién o qué llevan por nombre.
La primera respuesta no fue sobre héroes. Fue sobre ausencia.
El 48% de las vialidades de México, prácticamente una de cada dos, no tiene ningún nombre registrado. No es que perdimos el dato en el camino: el propio INEGI las marca como “Ninguno” o “No disponible”. Casi la mitad del callejero del país es, oficialmente, anónimo.
De lo que sí tiene nombre, otro tramo grande —36.5% de todas las vialidades— cayó en una categoría que tuvimos que llamar honestamente “sin clasificar”: nombres que no identificamos con certeza como persona, ni como número, ni como planta, ni como fecha. Volveremos a esa cifra más adelante, porque importa para saber cuánto de lo que sigue se puede afirmar con confianza.
Con lo que queda —el 15.5% que sí se pudo clasificar—, la categoría más grande es, finalmente, nombre de persona: 7.68% del total nacional. Ni siquiera duplica al silencio. El callejero mexicano no es, ante todo, un monumento. Es, ante todo, un vacío.
2. Quién gana el primer lugar
Construimos un diccionario propio para consolidar las variantes —“Hidalgo”, “Miguel Hidalgo”, “el Cura Hidalgo” y “Miguel Hidalgo y Costilla” son la misma calle conceptual— y contamos, nombre por nombre, quién domina el ranking nacional de las 203,474 vialidades que sí llevan nombre de una persona identificable.
Miguel Hidalgo y Costilla encabeza el país con 15,992 vialidades, pero el margen sobre el segundo lugar es mínimo: Benito Juárez lo sigue con 15,421, una diferencia de apenas 571 calles en un universo de más de dos millones. Es, en la práctica, un empate. Después vienen Emiliano Zapata (12,353) y José María Morelos y Pavón (11,779), y ahí sí empieza a notarse el patrón: de las diez figuras más repetidas del país, tres pertenecen a la Independencia y solo una —Lázaro Cárdenas— nació después de la Revolución.
Esa concentración en un puñado de nombres muy repetidos no es casualidad. El top 50 completo —cincuenta personas de entre las más de sesenta que logramos identificar— cubre el 94.59% de todas las vialidades con nombre de persona del país. Casi no hay “personas” en el callejero mexicano que no quepan en esas cincuenta.
3. La pregunta que no queríamos hacer, pero había que hacer
Hasta aquí, todo lo que encontramos confirma la intuición: unos cuantos héroes de la Independencia y la Revolución, repetidos sin parar. Pero había una pregunta que la intuición prefiere no hacerse: de esas personas que decidimos honrar en el nombre de una calle, ¿cuántas son mujeres?
4.24%. Uno de cada veinticuatro nombres de persona en el callejero mexicano es de una mujer.
Y esa cifra ya pequeña se concentra, además, en solo cuatro nombres. Josefa Ortiz de Domínguez —“La Corregidora”— es, ella sola, más de la mitad de todas las calles con nombre de mujer del país: 5,692. Le sigue Leona Vicario con 1,546, Sor Juana Inés de la Cruz con 1,268. Frida Kahlo, la mexicana más reconocida internacionalmente del siglo XX, apenas alcanza 131 vialidades en todo el país.
No es que falten mujeres en la historia de México. Es que decidimos no ponerlas en las placas de las calles.
Vale la pena decir con precisión qué es lo que este número no prueba: con el 36.5% del callejero todavía sin clasificar, es posible que existan mujeres relevantes en esa cola larga que nuestro diccionario todavía no capturó. Pero incluso si esa cola escondiera algunas sorpresas, la brecha es tan grande —95.68% hombres contra 4.24% mujeres— que ningún ajuste razonable la cierra. Esto no es un margen de error. Es la fotografía real de a quién decidimos nombrar.
4. Sonora no recuerda como el resto del país
Con el ranking nacional armado, quisimos ver si algún estado se aparta del patrón general. Elegimos Sonora, no porque sea el más grande ni el más poblado, sino porque es donde está Sahuaris.
Lo que encontramos no es que Sonora tenga su propio panteón de desconocidos. Es que Sonora recuerda a las mismas figuras que el resto del país, pero en proporciones muy distintas. Benito Juárez, el segundo lugar nacional, prácticamente desaparece dentro de Sonora: de 7.58% de participación nacional cae a apenas 0.83% dentro del estado. Es la caída más grande de todo el top 50 del país, una razón de 0.11 —Sonora nombra calles con Juárez nueve veces menos de lo que “le tocaría” si siguiera el promedio nacional.
En el sentido contrario está Álvaro Obregón. A nivel nacional apenas roza el 1.77% de participación; dentro de Sonora salta a 4.50%, 2.54 veces más presencia de la que tendría si Sonora se comportara como el resto del país. La explicación no requiere estadística: Obregón nació en Huatabampo, Sonora. El estado literalmente le puso más calles a su propio hijo que al prócer más repetido del país.
Esto es lo interesante del hallazgo: no es que Sonora tenga memoria distinta. Es que la misma historia nacional, vista desde un estado particular, se distorsiona hacia quien nació ahí —y se aleja, de forma medible, de quien no.
5. Qué época domina el callejero
Ya que sabemos quién gana, vale la pena preguntar de cuándo son los que ganan.
La Independencia domina con 37.9% de todas las personas identificadas, casi cuatro de cada diez. La Revolución le sigue con 23.1%, la Reforma con 14.7%. Sumadas, esas tres épocas —todas ellas concentradas entre 1810 y 1920— son 75.7% del callejero mexicano con nombre de persona.
Lo que queda fuera de ese siglo y pico es casi simbólico. El México contemporáneo, con presidentes y figuras posteriores a la Revolución, apenas llega a 8.7%. Lo prehispánico, a pesar de representar siglos de civilización antes de la llegada española, se queda en 3.8%. Nombramos nuestras calles casi exclusivamente con la generación que nos hizo país entre la Independencia y la Revolución, y prácticamente ignoramos todo lo demás.
6. La fecha que gana no es la que crees
Por último, comparamos las cinco fechas cívicas más comunes como nombre de calle: 5 de Mayo, 16 de Septiembre, 20 de Noviembre, 18 de Marzo y 1° de Mayo.
El 5 de Mayo gana por mucho margen —8,717 vialidades a nivel nacional— y domina como la fecha más común en 25 de las 32 entidades del país. El 20 de Noviembre queda segundo con 5,941 y domina en 5 estados. Pero el dato que no esperábamos es este: el 16 de Septiembre, la fecha oficial de la Independencia, la que se celebra con el Grito cada año, es la segunda más repetida a nivel nacional con 6,578 vialidades —pero solo llega a ser la fecha dominante en una sola entidad. Tiene presencia en todos lados, pero en casi ningún estado es la protagonista local.
La fecha que más veces nombra una calle en México conmemora una batalla, no una independencia.
Lo que los datos todavía no alcanzan a ver
Antes de cerrar, dos advertencias que pesan más que cualquier cifra de arriba.
El 36.5% de las vialidades del país sigue sin clasificar. Construimos el diccionario de personas históricas de forma manual y auditable —a propósito, para no inflar el conteo con coincidencias difusas que no podamos justificar una por una— y eso significa que crece más lento de lo que cubre. Es probable que existan más personas reales escondidas en ese porcentaje, sobre todo figuras locales o regionales que no entraron a nuestra primera versión del diccionario.
El mapa por entidad no es igual de confiable en todos los estados. Yucatán, por ejemplo, aparece “dominado” por una figura con apenas 3 registros —porque Yucatán, y Mérida en particular, nombra buena parte de sus calles con números en vez de nombres, una convención real y distinta al resto del país. En ese estado casi no hay materia prima para hablar de “a quién recuerda” el callejero.
Entonces, ¿de quién son las calles de México?
De unos cuantos hombres del siglo XIX, repetidos casi al infinito, y de nadie más.
Son de Hidalgo y de Juárez, empatados en la cima. Son de Zapata, de Morelos, de Madero —del mismo puñado de próceres de la Independencia y la Revolución que se reparten, entre cincuenta nombres, casi toda la memoria del país. Y son, casi nunca, de una mujer: Josefa Ortiz de Domínguez sostiene ella sola más de la mitad de esa memoria femenina tan escasa, y detrás de ella casi no hay nadie más.
Cuando alguien dice “las calles de México llevan el nombre de nuestros héroes”, está diciendo la verdad a medias. Llevan el nombre de la mitad de nuestros héroes. La otra mitad de la historia —la de las mujeres que también la hicieron— nunca llegó a la placa de la esquina.
Nota metodológica. Datos descargados directamente del servicio web del Catálogo Único de Claves Geoestadísticas del INEGI (gaia.inegi.org.mx/wscatgeo), cubriendo las 32 entidades y sus 2,469 municipios. La clasificación de nombres de persona usa un diccionario auditable de variantes construido a mano —no coincidencia difusa automática— con más de 60 figuras históricas confirmadas; los candidatos detectados por similitud de texto se dejaron en una cola de revisión separada y no se cuentan aquí como identificados. El 36.53% de las vialidades del país permanece sin clasificar al momento de este análisis.