Hay una queja que escucho constantemente en Hermosillo. En la taquería, en el trabajo, en la reunión familiar. La frase cambia un poco según quién la diga, pero el fondo es siempre el mismo:
“El salario ha subido, pero ya no alcanza para comer como antes.”
Es una de esas verdades que se sienten tan obvias que nadie se molesta en cuestionarlas. Yo sí me molesté.
Porque la pregunta esconde dos afirmaciones distintas que pueden ser verdaderas o falsas de forma independiente. Primera: que la comida se ha encarecido más rápido de lo normal. Segunda: que el salario no ha podido seguirle el paso. Ambas suenan razonables. Pero los datos no siempre confirman lo que la intuición dicta.
Así que construí el Taco Index: un índice económico basado en los insumos reales de la carne asada hermosillense. Carne de res, tortilla de maíz, aguacate, limón, cebolla y jitomate. Nada más. Conecté datos del INEGI, CONASAMI y CONEVAL para rastrear cómo ha evolucionado el costo de ese taco —ingrediente por ingrediente— desde 2010 hasta hoy. Y lo crucé contra el salario mínimo diario para ver quién le ha ganado la carrera a quién.
Lo que encontré desmonta la narrativa. No del todo, pero sí lo suficiente como para que valga la pena contarlo.
La inflación que sí ocurrió: los ingredientes frescos
El primer hallazgo es el más contraintuitivo. Cuando comparas el costo de los insumos del taco contra la inflación promedio de todos los alimentos, las líneas se comportan de manera muy distinta.
La línea gris —que representa cómo subiría el taco si se comportara como el promedio de todos los alimentos— avanza de forma estable y predecible. La línea naranja, que es el costo real de los ingredientes, salta violentamente. Sube, baja, vuelve a subir. No hay suavidad.
La razón es simple: la canasta promedio de alimentos está amortiguada por productos procesados, cuyo precio se mueve lento. El taco, en cambio, depende casi por completo de productos frescos: carne y verdura. Y esos productos están a merced del clima, la estacionalidad y los ciclos agrícolas. Un verano de lluvias irregulares en Sonora puede disparar el precio del jitomate en cuestión de semanas.
Dicho esto, hay algo más revelador en esa gráfica: en octubre de 2025, ambas líneas se encuentran casi en el mismo punto, alrededor de los $56 pesos por taco en insumos. Es decir, la inflación de los ingredientes, aunque más volátil, no se ha alejado dramáticamente del promedio nacional. La materia prima no es la culpable principal del encarecimiento que percibes en la calle.
Entonces, ¿por qué un taco cuesta entre $70 y $80 pesos hoy?
La brecha que nadie menciona: el costo de servirte
Esa diferencia de casi $20 pesos entre el costo de los ingredientes y el precio que pagas en la taquería tiene nombre: costos operativos. Renta del local, gas, electricidad, mano de obra, el costo de la leña si es una taquería de alto vuelo. Todo eso ha subido, y todo eso se traslada al precio final.
La inflación que sientes cuando pagas tu taco no es inflación de materia prima. Es inflación de servicios. Y esa distinción importa, porque tiene causas distintas y soluciones distintas.
Esto también explica por qué la queja no es universal. Las taquerías de colonia, con costos fijos más bajos, pueden mantener precios más accesibles. Las que operan en locales rentados en zonas comerciales tienen menos margen de maniobra. No es que alguien esté especulando: es que los costos de operar un negocio en la ciudad también han subido.
El salario: la historia que sí es una buena noticia
Aquí viene el dato que más me sorprendió.
El salario promedio mensual en Sonora ha crecido de forma sostenida desde 2022, superando los $8,000 pesos mensuales. Eso, en términos nominales, es un crecimiento notable. Pero el número que realmente importa no es el salario en pesos; es cuántos tacos te compra ese salario.
En 2018, un salario mínimo diario alcanzaba para comprar 2.19 tacos. Para 2025, ese mismo salario diario compra 3.95 tacos. Casi el doble.
Eso no es una percepción. Es una recuperación real y medible del poder adquisitivo. La política de aumentos al salario mínimo de los últimos años —que consistentemente superaron la inflación alimentaria— le ganó la carrera a los precios. El trabajador promedio en Hermosillo come más tacos hoy por día de trabajo que en 2018.
Pero ojo: el gráfico también muestra el hoyo. Entre 2010 y 2018, la tendencia fue en dirección contraria. El “gasolinazo” de 2017 fue el golpe final de un proceso largo de estancamiento salarial. El poder adquisitivo tocó su punto más bajo justo antes de que empezara la política de recuperación. Ese trauma colectivo probablemente explica por qué la percepción de “ya no alcanza” persiste incluso cuando los números dicen otra cosa.
La brecha que sí persiste: el género
Hay un matiz que no quiero pasar por alto, porque los promedios mienten por omisión.
Al desagregar los datos salariales por género, la historia se complica. Las mujeres se concentran desproporcionadamente en los niveles de ingreso más bajos: menos de un salario mínimo y entre uno y dos salarios mínimos. Los hombres dominan los tramos superiores.
Esto significa que la recuperación del poder adquisitivo no ha llegado de forma equitativa. Para una mujer trabajadora en Hermosillo con ingresos bajos, la inflación de los alimentos frescos —esa línea naranja volátil— sigue siendo una amenaza real. El promedio mejora, pero no para todos por igual.
¿Qué viene en 2026?
Para cerrar el análisis, construí un modelo de proyección usando suavizamiento exponencial, un algoritmo diseñado específicamente para series de tiempo con tendencia y estacionalidad. Los resultados apuntan a estabilidad.
El modelo estima que para diciembre de 2026, el costo de los insumos del taco alcanzará los $59.49 pesos, un incremento del 5.42% respecto al año anterior. Moderado, dentro de rangos normales de inflación.
La implicación es directa: si el precio del taco en la calle sube significativamente más que eso el próximo año, la explicación no estará en los ingredientes. Estará en los costos de operación, en la especulación, o en factores externos que el modelo no puede anticipar. Sabrás a dónde señalar.
Lo que dicen los datos, y lo que no dicen
Volvamos a la queja original: “el salario ha subido, pero ya no alcanza para comer como antes.”
Los datos dicen que la primera parte es verdad, y también la segunda parte —pero con una aclaración importante. Alcanza más que antes, si “antes” significa 2018. Lo que no alcanza es para pagar el costo adicional de que alguien más te prepare la comida en un local rentado, con empleados y con todos los costos que eso implica.
El taco como ingrediente ha subido, sí. Pero el taco como experiencia —el de sentarte en una taquería, el de no cocinarlo tú— ha subido más. Y esa diferencia no la paga la inflación alimentaria. La paga la economía de servicios.
Es una distinción pequeña, pero cambia completamente la conversación sobre a quién hay que exigirle qué.
Datos utilizados: INEGI (BIE) — Índices de precios al consumidor por ciudad, Hermosillo. CONASAMI — Series históricas de salario mínimo general. ENOE / Data México — Distribución salarial por género en Sonora. CONEVAL — Línea de pobreza por ingresos. Precio base de referencia 2018: $35.00 MXN por taco de insumos.